22 febrero 2008

Mercat de la Boquería

Reflexión fue el término.
Doblé la esquina tras la jornada exhausta. Ya a pocos metros se me abalanzaron los senegaleses y ghaneses y no sé cuántos más “eses” ofreciéndome la hierba, el chocolate. Movimiento en amago invulnerable. Una diagonal multicolor a mi espalda, desde el puerto, resplandeció.
Me detuve.
Fumé.
Fumé con ellos.
Risas, y los edificios de enfrente casi me tiran de espaldas, a carcajada limpia. Llorando de risa. Comencé yo a hacer “eses”. Después de las “oes” con los canutos: “Llamadme ahora tonto”, meditaba; y me partía de la risa.
De las “eses” con los “eses” a las espirales. Más multicolor, panavisión entreverada por el túnel. Multicolor.
Varios pasos (creo que escasos) y me inserté de bruces y fauces en media sandía de un puesto del Mercat.
Mercat de la Boquería, contra el mareo.
Y a salvo otra vez -o eso pensé- de las trampas que a poquísima distancia me auguraba la Plaça Reial.

(Eso pensé.)